Humanización de Animales, Humanización de Plantas

 Un riesgo imperdonable en la naturaleza: la compasión desmedida

¿Acaso te pasa por la mente, aunque sea solo fugazmente, la idea de que las plantas no sienten solamente porque carecen de la habilidad para expresarse? La intención de alejarnos de nuestras actitudes carnívoras, con las que la naturaleza nos ha provisto en una lucha predatoria sin cuartel, es inocente y noble a primera instancia. Pero los argumentos usados para alejarnos de ella y encaminarnos al vegetarianismo son endebles para quien conozca el mundo natural aunque sea someramente. No porque las plantitas no sean animadas no significa que no experimenten sensaciones al contacto de factores externos. Ellas también tienen sistemas nerviosos y, por lo tanto, sienten. Mira el ejemplo de la mimosa púdica del Brasil (una grácil pilluela vergonzosa):

Ellas también se hallan inmersas en una batalla campal sin aliados: compiten entre ellas mismas por los rayos solares, el agua de las lluvias o los nutrientes del subsuelo e incluso algunas especies de nogales y eucaliptos, se valen de ciertos líquidos arrojados por sus raíces para detener el crecimiento de sus rivales y acaparar egoístamente el motor de la fotosíntesis. Unas incluso desarrollaron sistemas de defensa como espinas y venenos para evitar ser comidas y otras sistemas de ataque y atracción de presas como la Venus atrapamoscas.

No te dejes engañar: la vida se alimenta de vida. Y si pretendes renunciar a la carne solamente porque es una crueldad inmolar animalitos para mantenerte con vida, no pierdas de vista que los mismos tormentos los padecen las plantas cuando las machacas entre tus dientes. La naturaleza no es una institución de beneficencia, tampoco es justa: es indiferente.

imagen: https://flic.kr/p/rmR5LA
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Hemos humanizado a los animales en caricaturas, fábulas, novelas, en el contacto con nuestras mascotas hemos proyectado una idea romántica acerca de los animales. Hemos alcanzado el extremo de darle unos derechos que no poseen dado que no tienen obligaciones. Pero el límite de la utopía se toca cuando proponen una moral para animales. Cierto, no hay razón para ser unos salvajes inconscientes gozando con carnicerías macabras, pero tampoco debemos alcanzar el extremo opuesto de ofrendar nuestra salud,  rechazando las proteínas de la carne animal demandas por nuestro cuerpo para funcionar correctamente, solo por una proyección de nuestra fragilidad emocional.  A este paso la posibilidad de arriesgar nuestra propia especie se incrementa considerablemente. Pero zanjado el asunto de los animales me pregunto si esta actitud de fragilidad emocional continua ¿a dónde podría encaminarnos? ¿a humanizar las plantas? Ya he señalado líneas arriba que ellas también sienten, reaccionan a la música por ejemplo y además son el pulmón de planeta. ¿Podría alguien ser capaz de defenderlas porque al haber un exceso de animales vegetarianos podríamos desequilibrar el orden natural y alterar la producción de oxígeno? Ciertamente algún redomado sandio ignorante del todo sobre el mundo natural podría concebirlo y producir una Ética de plantas. Así como se escriben Éticas de animales.

Es un peligro abrazar similares simbolismos típicos de la pareidolia, pero emocionales. Los animales no son humanos, no tienen derechos, no tienen obligaciones y las plantas tampoco. Nosotros debemos ser cocientes de ello y debemos no exceder nuestro consumo o nuestra fuente de macabro entretenimiento pero no debemos sencillamente prohibirla. Es una memez.

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