Nuestro Cerebro Justifica el Acto de Matar

Matar es una estupidez. Nunca debe hacerse nada de lo que no se pueda hablar en la sobremesa.

– Oscar Wilde

El acto de arrebatar la vida a un ser humano acarrea, en la mayoría de las personas, una serie de implicaciones físicas y psicológicas mismas que tal vez son los principales “límites” que existen en un individuo para no cometer un homicidio.

Hoy día existe poco conocimiento sobre las áreas del cerebro involucradas en la toma de decisión relacionada con quitarle la vida a otro ser vivo, en este sentido el investigador Dr. Pascal Molenberghs, de la Universidad de Monash, Australia; dirigió un estudio con la finalidad de conocer los mecanismos neuronales implicados con el daño físico a terceros.

El estudio consistió en poner a un grupos de estudio a jugar videojuegos y grabar su actividad cerebral con escáneres de resonancia magnética, al grupo de estudio se le pidió que en primera instancia se imaginaran disparando contra civiles inocentes(violencia injustificada), posteriormente se les solicitó que se vieran a si mismos disparando a soldados enemigos(violencia justificada). Los resultados obtenidos mostraron que en determinadas circunstancias, como la guerra, los individuos son capaces de cometer actos de violencia extrema contra otros seres.

Image by Neal Fowler on Flickr

Las imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) señalan que cuando los participantes se imaginaban a sí mismos disparando a civiles se encuentra una mayor activación en la corteza lateral orbitofrontal (OFC), un área del cerebro importante implicada en la toma de decisiones morales, es decir, cuanta más culpa sentían los participantes por disparar contra civiles mayor era la actividad en la corteza lateral orbitofrontal. Al disparar a los soldados enemigos no se observo ninguna actividad en la área mencionada.

De esta manera, los mecanismos neuronales que normalmente están implicados con dañar a otros están menos activos cuando la violencia contra un grupo particular es vista como justificada.

“Los resultados muestran que cuando una persona es responsable de lo que percibe como violencia justificada o injustificada, tendrá diferentes sentimientos de culpa asociado con eso. Por primera vez podemos ver cómo esta culpa se refleja en la activación cerebral determinada”, dice el Dr. Molenberghs.

Los investigadores esperan que este sea el primero de una serie de estudios que muestren más a fondo cómo las personas se vuelven insensibles a la violencia. El Dr. Molenberghs es director del Laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad de Monash, estudia la moral, la empatía y la pertenencia a un grupo con el fin de obtener una mejor comprensión de la complejidad de problemas como el racismo.

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