Ajusticiando, Las Olas de Virginia Woolf

El título metaforiza el trajinar de la historia de seis personajes que se conocieron en la temprana niñez (Louis, Bernard, Rhoda, Neville, Jinny y Susan) siendo cada capítulo presentado por la descripción del transcurso de un día comenzando por el levante que marca el inicio alegórico de la vida y la puesta del sol simbolizando los fugaces últimos suspiros de cada uno. Seis niños, seis historias, seis personalidades, seis modos diferentes de narración. Pero todas muy similares. Bernard es el poeta malvivido que cuenta el final del todo, empero, cada personaje conserva idénticas habilidades prosaicas. Poco desencanto y hacer jirones en debates. Las frases grandilocuentes y las excelsas descripciones de las otoñales hojas quebradizas, el denso espumaje sobre la marisma, el viento plácido o violento asolando los verdes campos prologando cada episodio me provocaron arcadas y aburrimiento inaguantable. El estilo de Virginia es fenomenal, muy capaz, sorprende por lo variado de su amplio vocabulario y facilidad adjetivizadora pero es soporífero cuando menos. Mal empleada su capacidad. Esa estúpida directriz clasista de que la forma crea el contenido es mentira y se corrobora fácilmente leyendo a Virgina.

Antes de ir a por un autor me gusta saber de él o ella. Así investigo su reputación. Si pasa la prueba, le sigo la pista hasta sus frases famosas y si me gustan, continúo hasta llegar a relatos breves o artículos para finalmente decantarme por comprar uno de sus libros. Creo que mi sistema comienza a fallar pues con Woolf obtengo mi segundo traspié. Su reputación de feminista depresiva me atrajo hasta algunas citas sentenciosas y juiciosas que me llevaron a narraciones estupendas, mas su libro, aborrecible donde los haya, casi me empuja fuera del mundillo literario. Un flagelo inmisericorde cada línea de las 315 páginas. Su lectura no me aporta mucho salvo espacio ocupado en mi librero. ¿Quién coño recomienda a esa filosionista promotora de la homosexualidad masculina? El Marqués de Sade escribía donoso apuntalando sus argumentos con sofismas, soflamas y retórica pero no Virginia. Una maldita frígida al alcance de una máquina de escribir masturbando las teclas como con asco. Así me resulta su lectura: aburrida, sosa y con excesos de ambages. La fórmula escribiente de Richard Dawkins que deplora sobremanera la redundancia habría vuelto las 315 páginas de Las olas en un libelo dominical de esos que uno toma para ir a defecar cuando no se tiene ni papel higiénico.

Al finalizar la lectura, luego de casi dos meses, nuevo récord de lentitud para mí, rondaba mi cabeza la siguiente duda «¿Qué pretendía demostrar Virginia con esto?» ¡El diablo lo sabrá!

Hora de la justicia.

Calificación: 2.3
Sentencia: Ser arrojado a la voluntad playera del mar.

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