Ajusticiando, “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo

LA BONDAD EN LA MALDAD APARENTE: MAQUIAVELO COMO PRECEPTOR

El apellido del autor de la siguiente obra ha sido asociado coloquialmente con lo malvado, cínico, abyecto, inescrupuloso y ruin. Pero sostener estas ideas es algo tan poco cauto como el juzgar pernicioso a simple vista el sostén biológico al estilo de los contemporáneos de Lucy quienes veían en las frutas algo venenoso y preferían morir de inanición antes que probarlas.

«El Príncipe» de Nicolás Maquiavelo es a la política lo que el «El Arte de la Guerra» de Sun Tzu a las campañas bélicas: un manual de sentido común para su ámbito.

Portada de una edición de 1550 de "El Príncipe" de N. Maquiavelo

Portada de una edición de 1550 de “El Príncipe” de N. Maquiavelo

Si bien es verdad que se ha granjeado cierto desprecio por dar loores al modo de proceder de figuras colosalmente abominables como César Borgia o Agatocles también debería recordarse que realiza especial énfasis en que lo primero que un dirigente debe poseer es la prudencia y que lo segundo a hacer es rehuir del ser odiado por las masas, sabiendo ser generoso cuando haga falta y recto cuando la ocasión lo amerite. De hecho son los dos consejos más ampliamente reproducidos por su mano a lo largo del opúsculo sobre política allende a los tópicos utópicos de, verbigracia, expuestos por Tomás Moro o, si se quiere, de un Karl Marx sobre cómo manejar una república ideal frente a los suyos sobre cómo manejar una república real. Maquiavelo no hizo otra cosa que detallar, exponer, enumerar los métodos de obtención y conservación del poder. En algunos casos, es menester apuntarlo, apela a la inmoralidad pero a sabiendas de que tal proceder es inmoral pero justificado con la máxima de que el fin justifica los medios. Pero dejemos pues que él mismo se exprese:

«Si consideramos esto con frialdad hallaremos que, a veces, lo que parece virtud es causa de ruina y lo que parece vicio sólo acaba por traer el bienestar y la seguridad» [Capítulo XV]

«El odio se gana tanto con las buenas acciones como con las perversas, por cuyo motivo un príncipe que quiere conservar el poder es a menudo forzado a no ser bueno» [Capítulo XIX, sobre el que ser excesivamente bonachón no resulta precisamente una buena idea, máxime con los detractores]

Algunos zopencos consideran que ésta es una lectura obligatoria a todo aquel que quiera iniciarse en política. Más aún, lo consideran el primer libro a leer. Pero yo opino que es un libro que debe ser pospuesto para cuando ya se tenga una buena noción de política, orden y, sobre todo, sentido común. De otra manera se lo malinterpretaría y se lo aplicaría con objeto distinto del que el autor habría deseado. Esto es, para perpetuar tiranías genocidas y despreocupadas. Tiranías inútiles. Cosas odiosas que el autor no habría aprobado.

El príncipe, MaquiaveloEs notable que olvidarse de las recomendaciones de Maquiavelo cuando se está en el poder es el equivalente de ser odiado y ser odiado es el primer paso para desatar el desorden y de este desorden surgen las guerras civiles que derraman sangre de inocentes y de culpables. Olvidarse de las sugerencias de Maquiavelo es construir la guillotina que habrá de cortar la propia cabeza del Estado para sustituir la escasa dirección con la barbarie. Un caso ejemplar de la actualidad es el inmencionable Nicolás Maduro en Venezuela, un idiota de cabo a rabo que en menos de un año ha disparado la inflación en casi 70% atrayendo un descontento generalizado soliviantando los ánimos tanto de opositores como de simpatizantes. Sus traspiés están más allá de la salvación y si conociera aunque sea someramente el título de Maquiavelo, dimitiría ya para salvar al menos su bufo pescuezo ya que su reputación y, en parte, la de la revolución bolivariana se han desprestigiado sin remedio.

Calificación: 8.3

Sentencia: Lectura imprescindible para quien previamente se haya nutrido lo suficiente para entenderla.

«Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.» ~ N. Maquiavelo.

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